| Fundador
de los Heraldos del Evangelio es condecorado por el Papa Benedicto
XVI
La medalla "Pro Ecclesia
et Pontifice", uno de los más altos honores concedidos
por el Papa a aquellos que se distinguen por su actuación
en favor de la Iglesia y del Romano Pontífice, fue entregada
por el Emmo. Cardenal Franc Rodé a Mons. João
Scognamiglio Clá Dias, en una solemne celebración
Eucarística el día 15 de agosto, en la Iglesia
Nuestra Señora del Rosario, del seminario de los Heraldos
del Evangelio, ubicado en las afueras de la ciudad de São
Paulo, Brasil.
Mons. João S. Clá
Dias es el fundador de los Heraldos del Evangelio y de dos Sociedades
de Vida Apostólica, una clerical y otra femenina, Virgo
Flos Carmeli y Regina Virginum, respectivamente.
En el acto de entrega por
ocasión del 70º aniversario de Mons. João
Clá, el Prefecto de la Congregación para los Institutos
de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica destacó
los méritos del homenageado, recordando las palabras
de San Bernardo de Claraval: "En el momento de entregar
esta condecoración con la cual el Santo Padre quiso premiar
vuestros méritos, me viene a la mente las palabras de
San Bernardo, en el inicio de su tratado De laude novae militiae:
´Hace algún tiempo que se difunde la noticia que
un nuevo género de caballería apareció
en el mundo´. Estas palabras pueden ser aplicadas al momento
actual. En efecto, una nueva caballería nació,
gracias a Vuestra Excelencia, no seglar, pero si religiosa,
con un nuevo ideal de santidad y un heroico empeño por
la Iglesia".
"En este emprendimento,
nacido en vuestro corazón, no podemos dejar de ver una
gracia particular dada a la Iglesia, un acto de la Divina Providencia
en vista de las necesidades del mundo actual."
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Al agradecer la prestigiosa
condecoración con que el Santo Padre lo quiso homenajear,
Mons. João S. Clá Dias resaltó el brillante
papel del Cardenal Franc Rodé en la dirección
del dicasterio romano que les está confiado y las preciosas
orientaciones que llevaron a la aprobación pontificia
de las dos Sociedades de Vida Apostólica: Regina Virginum
y Virgo Flos Carmeli. Pero, sobre todo, quiso expresar los sentimientos
de filial adesión al Santo Padre que palpitan en el corazón
de todos los miembros del movimiento de los Heraldos del Evangelio,
haciendo suyas las palabras de su formador un insigne líder
católico brasileño del siglo pasado, el Prof.
Plinio Corrêa de Oliveira: "Todo cuanto en la Iglesia
hay de santidad, de autoridad, de virtud sobrenatural, todo
esto, absolutamente todo sin excepción, ni condición,
ni restricción, está subordinado, condicionado,
dependiente de la unión a la Cátedra de San Pedro.
(...) "Por esto, es señal de condición de
vigor espiritual, una extrema susceptibilidad, una ‘vibratilidad'
delicadísima y viva de los fieles por todo cuanto se
diga al respecto a la seguridad, gloria y tranquilidad del Romano
Pontífice. Después del amor a Dios, es este el
más alto de los amores que la Religión nos enseña.
Uno y otro amor se confunden. (...) Y nosotros podemos decir:
‘para nosotros, entre el Papa y Jesucristo no hay diferencia'.
Todo lo que diga al respecto del Papa dice al respecto, directa,
intima, indisolublemente, a Jesucristo".
El día anterior, 14
de agosto, el ilustre visitante inauguró con una celebración
eucarística la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen,
ubicada en la casa Madre de la Sociedad de Vida Apostólica
femenina Regina Virginum.
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Muy estimado Monseñor,
En
el momento de entregarle esta condecoración con la cual
el Santo Padre quiso premiar vuestros méritos, me vienen
a la mente las palabras de San Bernardo, en el inicio de su
tratado De laude novae militiae: "Hace algún tiempo
que se difunde la noticia de que un nuevo genero de caballería
apareció en el mundo" (el Santo se refiere al nacimiento
de la Orden de los Templarios).
Estas palabras pueden ser
aplicadas al momento actual. En efecto, una nueva caballería
nació, gracias a Vuestra Excelencia, no seglar, pero
sí religiosa, con un nuevo ideal de santidad y un heroico
empeño por la Iglesia.
En este emprendimiento, nacido
en vuestro noble corazón, no podemos dejar de ver una
gracia particular dada a la Iglesia, un acto de la Divina Providencia
en vista de las necesidades del mundo de hoy.
El ideal que propone a aquellos
que son vuestros es el de seguir a Cristo en el gran movimiento
de los Heraldos del Evangelio, con radicalidad evangélica,
"combatiendo sin descanso - como dice San Bernardo - una
doble batalla, sea contra la carne y la sangre, sea contra los
espíritus malignos del mundo invisible".
Gracias, Monseñor,
por vuestro empeño, gracias por vuestra santa audacia,
gracias por vuestro amor apasionado por la Iglesia, gracias
por el espléndido ejemplo de vuestra vida. Usted es de
la estirpe de los héroes y de los santos.
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